Estados Unidos moviliza tropas en aguas internacionales muy cerca de las costas venezolanas con el argumento de combatir el narcotráfico. Al interior de Colombia se escuchan voces a favor y un silencio cómplice de los principales medios de comunicación, convenientes y complacientes con el imperio frente al poder y sus decisiones.
Sin embargo, por encima de los problemas políticos internos y la abrumadora afectación a los migrantes e indocumentados en el país norteamericano —causada en parte por países como Colombia y Venezuela—, es necesario hacer un llamado a la mesura y la defensa de Latinoamérica. Está bien sabido que todas las guerras iniciadas por Estados Unidos no han dejado más que sufrimiento, muerte, desfalco de los recursos naturales y inestabilidades políticas que han subsistido por años.
La movilización de tropas por países caribeños nos recuerda la invasión armada de Panamá en 1989. Casi siguiendo un guion muy similar, el entonces dictador Manuel Noriega fue depuesto del poder, acusado de narcotráfico. El caso frente a Venezuela no parece muy distinto: Nicolás Maduro es acusado de integrar el Cartel de los Soles, una organización criminal asociada con Ovidio Guzmán López «El Ratón», hijo de «El Chapo», quien habría entregado información respecto del primer mandatario venezolano. Estados Unidos ofreció 50 millones de dólares por la entrega de Maduro, mientras la tensión política avanza al igual que las tropas que se movilizan por el Caribe.
Lo que pase en Venezuela puede ser el inicio del destino de Latinoamérica, una región rica en recursos minerales e hídricos que seguramente serán protagonistas en un futuro próximo. De manera que, frente a su soberanía dependiente de grandes potencias mundiales, resulta necesario un debate urgente: un llamado a la unidad entre países que aún parece muy lejano, dados los contrastes políticos de cada nación. En Colombia gobierna la izquierda, y en el sur, países como Argentina viven bajo una derecha sumida en una amplia crisis económica.
Los debates regionales frente al comunismo, socialismo y capitalismo parecen zanjados respecto de los intereses de sus gobernantes. Al final, todos parecen querer lo mismo: poder y riqueza. Es bien sabido que Nicolás Maduro se ha enquistado en el poder de forma ilegítima, mientras aumenta el éxodo de cientos de ciudadanos por todo el continente, lo que a su vez ha propiciado el aumento de la migración venezolana hacia Estados Unidos, tema sobre el que el gobierno de Trump ha mostrado bastante preocupación.
El argumento del narcotráfico por parte de Estados Unidos cabe en todo el continente. Sin embargo, ¿por qué priorizar a Venezuela? ¿Y los cárteles mexicanos? ¿Colombia, Perú, Bolivia? Donde la producción y exportación de este alcaloide se mueve en cifras considerables. Los colombianos debemos ser conscientes de que este problema político y este llamado de guerra pueden generar mayor desestabilidad para la región, sin contar los multitudinarios lazos entre colombianos y venezolanos que nada tienen que ver con los gobiernos de turno. Proteger la vida por encima de todo debe ser el mensaje.
Las redes sociales, al menos en Colombia, muestran una fuerza armada bolivariana que parece irrisoria, con instrucciones de armar hasta las amas de casa. ¿Dónde quedó el poder armamentístico del país de Bolívar? Mientras Maduro lanza frecuentemente llamados a potencias como China y Rusia, estos no parecen llamar mucho la atención. Quizás sea el ocaso de Maduro en la región, un problema que lleva décadas y que parece estar en su punto más álgido desde la muerte de su máximo dirigente, Hugo Chávez Frías. Vale recordar a nuestro expresidente Iván Duque, quien afirmó hace más de siete años que Maduro tenía las horas contadas.
Como dato adicional, la orden de mover esta multitudinaria fuerza armamentística al Caribe se realizó confidencialmente posterior al 15 de agosto, fecha en que Putin y Trump se reunieron en Alaska. ¿Habrá existido un acuerdo previo entre las potencias respecto del país caribeño? Solo el tiempo lo dirá.

