Columnas de opinión de tema libre y sesiones de disertación de un tema en común y coyuntural de actualidad global y colombiana. Con una visión desde el exterior y los efectos de la cotidianidad de los colombianos, con un lenguaje simple y contundente (no violento) de la opinión de los panelistas quienes conforman este proyecto

La lucha por los significados en la Asamblea General de la ONU 2025 By Camila Peña

En este momento se celebra el aniversario número 80° de la Organización de las Naciones Unidas, organismo que reúne 193 países miembros, creado después de la segunda guerra mundial para evitar el conflicto bélico y en consecuencia mantener la paz y la seguridad internacionales, y realizar la cooperación internacional en el marco de los derechos humanos.

La reunión de la asamblea general de este año se ha caracterizado por hacer evidentes las históricas contradicciones no solo políticas y económicas, sino ideológicas, y que se relacionan con la forma de organizar las relaciones internacionales, los actores que tienen capacidad de intervenir y decidir, las prioridades de las agendas de los diferentes miembros, y el contenido de los símbolos y significados utilizados.

Estas contradicciones se han expresado en el desarrollo de las discusiones sobre, principalmente, la creación del Estado Palestino, las sanciones a Irán, la necesidad de reforma de la ONU, la guerra en Ucrania, los objetivos climáticos, los objetivos de desarrollo, la migración y las crisis humanitarias. Estas discusiones a su vez, están organizando un Sistema Internacional que no es estático ni predeterminado, y que se construye a partir de significados sociales.

Los significados sociales en el sistema internacional     

Esos significados construidos socialmente entorno a conceptos como “invasión” “democracia”, “libertad”, “terrorismo” etc, son a su vez el producto de una lucha que revela quién ejerce el poder y cómo se reproducen las desigualdades. Lucha que también deja en evidencia la naturaleza de las relaciones de dominación (capitalismo, patriarcado, colonialismo), y cuyas declaraciones están lejos de ser espontaneas e inocentes.

Este preámbulo permite entender porque Donald Trump escoge los términos de “invasión” y “crimen” para referirse a los migrantes, porque el presidente Iraní Masaud Pezeshkian escoge la sabiduría religiosa y recuerda que en todos los credos se profesa “No hacer al prójimo lo que no quiere que se haga a sí mismo”, o porque el Presidente Gustavo Petro afirma que los jóvenes del Tren de Aragua asesinados por las milicias estadounidenses no son “terroristas” sino actores de un grupo criminal armado. En este espacio de discusión no solo se debate el “que hacer”, sino toda una visión y lenguaje de la organización de las relaciones humanas. 

Estos significados que se disputan y moldean prácticas internacionales, trascienden el espacio interestatal, y de acuerdo a la capacidad de gestión de los gobiernos se traducen en políticas públicas, en asignación de recursos o recorte de presupuestos. Negar la existencia del cambio climático como hizo el presidente norteamericano, a pesar de la evidencia científica, no solo sirve como maniobra distractiva de la opinión pública, sino que abona el terreno para justificar la invasión y la explotación de recursos. Su discurso enfocado en la rentabilidad y el uso de la fuerza demostró la naturaleza de su agenda política y forma de gobierno. La de una banquero con las armas del Estado.

A esta propuesta de mundo, se opusieron los lideres latinoamericanos de Chile, Brasil, Colombia y México, por citar algunos.

El presidente Lula Da Silva retomó el sentido de la palabra “democracia”, para recordar que es a través del acceso a los derechos más básicos como el alimento, la seguridad, el trabajo, la vivienda, la educación y la salud, que esta se garantiza, y no a través del uso de la fuerza, condenando así el ataque al Tren de Aragua, el cual calificó como una “ejecución de personas sin debido proceso”. Recordó que “La pobreza es tan enemiga de la democracia como el extremismo”.

Por su parte el Presidente Chileno, Gabriel Boric, y el Ministro de asuntos extranjeros mexicano, hicieron hincapié en el lugar de las mujeres en la próxima Secretaría de la ONU, aprovechando la oportunidad para poner sobre la mesa el nombre de Michelle Bachelet, y recordando que en este nuevo orden multipolar, al cual también se refirieron los presidentes Lula Da Silva y Gustavo Petro, es necesario contar con alguien que unifique las visiones de norte y sur global.

Hablar de multilateralismo y multipolaridad es recordar que: por un lado, los actores principales de las relaciones internacionales no son solo los Estados, como bien afirmó el mandatario colombiano, y de otro lado, que dentro de los Estados que son potencia, China adquiere un lugar protagónico que era exclusivo a Estados Unidos y Rusia.   

Migración: la cereza del pastel

Hablar de migración en un espacio de confluencia de representantes de los territorios del mundo, es hablar de las condiciones y posibilidades de movilidad de una especie que desde sus orígenes ha migrado, como recordó el ministro mexicano.

En este punto, la visión del presidente estadounidense representó la manifestación del totalitarismo y el racismo que justamente desencadenaron las guerras que antecedieron la creación de la Organización de las Naciones Unidas. Llamó a los migrantes “invasores” y calificó de “ridícula” la política de acogida tanto de su antecesor Joe Biden, como de los países de la Unión Europea. Se atrevió a sugerir que si no era la cárcel o la expulsión, la opción restante era la muerte. Todo esto sostenido por su homologo Javier Milei, quien afirmó que la migración hay que pararla, y que los países que ya no reaccionaron, se sumieron en una crisis de deuda.

El presidente Gustavo Petro, expuso la visión antagónica, no solo en desacuerdo con el discurso de Trump, sino como una alternativa a esta expresión de la necropolítica. Fue vehemente en denunciar que hoy se siguen construyendo campos de concentración de migrantes, y se colectivizan culpas en esta población, tal y como lo hicieron con la población judía; y los llaman ladrones y narcotraficantes, cuando los narcotraficantes “son rubios de ojos azules y viven donde hay lujo y no pobreza, pero los misiles los lanzan donde habitan los pobres del mundo”.

También recordó que la migración no es sino producto del empobrecimiento de los países a causa de la guerra, la invasión y la crisis climática.

Muy a pesar de la prensa y de la derecha colombiana, el discurso del presidente Gustavo Petro no solo es una contrapropuesta, sino un ejercicio de participación en la lucha por los significados que servirán de base para la toma de decisiones. Si estas voces no se alzan en donde pueden ser escuchadas y en su lugar se prefiere el silencio, triunfara la ignorancia, la guerra, la destrucción de la vida humana en la tierra. Ojalá la humanidad, como ese nuevo sujeto político convocado por el presidente Petro, sea libre para trascender los discurso y políticas de muerte, y, como dijo la filósofa Hannah Arendt, la forma de trascender las fronteras de lo conocido es la acción como condición de la vida humana en colectivo.

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