Columnas de opinión de tema libre y sesiones de disertación de un tema en común y coyuntural de actualidad global y colombiana. Con una visión desde el exterior y los efectos de la cotidianidad de los colombianos, con un lenguaje simple y contundente (no violento) de la opinión de los panelistas quienes conforman este proyecto

Foto Camilo

Camilo Antonio Rodríguez Vega.

Papa Francisco, Revolución y amor.

Hablar del papa Francisco I, inexorablemente nos arroja a hablar de la compañía de Jesús, de la caridad, el servir como bien mayor del ser humano, pero, sobre todo, a hablar de la felicidad, la comprensión y las verdaderas revoluciones.

Entender al papa francisco I, es entender a la compañía de Jesús, entender la misionalidad pastoral de los jesuitas y su capacidad revolucionaria de instaurar instituciones educativas como la universidad javeriana (Colombia); la universidad de Boston collage (EEUU) y la universidad de Deusto (España). Es comprender que la revolución inicia con la educación y el privilegio que crea en el ser humano esas estructuras sociales, tanto en su forma de construir parámetros socioculturales, como de evangelización tanto como cuanto esta sea posible dentro de los limites del respeto y la conservación de otras esencias religiosas.

Entender al papa Francisco I, es entender la fe con ojos de humildad y certidumbre, es captar a través de sus actos ese solemne uso de agradar por lo complejo que resulta la humildad y la esencia del ser, no del aparentar. Apartado de palacios papales, cruces bañadas en oro, tronos apostólicos de gigantesca magnitud o atuendos papales de pomposa manufactura. Es apartarse incluso en el camino hacia el más allá o hacia la resurrección cristiana rodeado de presos, personas migrantes, de la comunidad lgbtiq+ y de todos aquellos feligreses quienes le seguíamos e incluso le queríamos. Es irse de este mundo terrenal con un legado profundo de suma nobleza y austeridad genuina no impostada.

Es apartarse de las ideas ortodoxas para ampliar el espectro religioso en los menos favorecidos, en las minorías, en los diferentes y en todos quienes necesitamos de la misericordia de instituciones religiosas y políticas con corazón y humanidad, cercanas al hombre y a sus necesidades, acogiendo a su vez sus profundas complejidades.

Es entender el mundo que habitamos como la casa común, como ese espacio que nos pertenece a todos, y que por ende nos obliga a hacernos responsables de él.

Es el acogimiento de los jóvenes como motor transformador de culturas y como herederos y sobretodo responsables de las nuevas generaciones.

Es contagiarse de la felicidad de compartir, de dar, de sonreír y del poder con estos elementos atreverse a cambiar el mundo.

Esta, en definitiva; es la iglesia que me representa, la iglesia que acoge la diferencia y que reconoce los errores históricos, los condena y ve al futuro con humildad y como una oportunidad de hacer las cosas bien. De reformar las viejas costumbres de acoger los nuevos movimientos y que ve en todos los feligreses desde los mas conservadores hasta quienes no somos profusos practicantes e incluso mas liberales, una comunidad llena de genuino poder transformador, que trasciende estructuras políticas e incluso estados y que con una ola de mas de 2.300 millones de creyentes alrededor del mundo es en definitiva capaz de modificarlo. Acogiendo no solo a quienes pertenecemos a esta creencia, si no a quienes piensan diferente, tal y como nos enseño el papa hoy difunto y orgulloso primer latinoamericano quien ejerció su labor por 12 años con altísimos estándares de mansedumbre y valores honoríficos dejándonos un profundo orgullo por quienes nos sentimos representados desde la tierra y el territorio que lo vio nacer.

Hoy a su partida y tal y como nos lo pidió Papa Francisco I, rezo por su alma, rezo por su bien y porque su legado trascienda en la iglesia católica. Q.E.P.D.

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