Columnas de opinión de tema libre y sesiones de disertación de un tema en común y coyuntural de actualidad global y colombiana. Con una visión desde el exterior y los efectos de la cotidianidad de los colombianos, con un lenguaje simple y contundente (no violento) de la opinión de los panelistas quienes conforman este proyecto

Foto Camilo

Camilo Antonio Rodríguez Vega.

El turismo en Colombia

Que hay detrás de una mochila, un pasaporte y un alma viajera.

Han sido los innumerables países y las ciudades quienes, en búsqueda de la explotación de sus recursos y los atributos concebidos por aleatoriedad geográfica, intentan desarrollar este hobbie que constituye un renglón fundamental de la economía.

Según Reuters, se estima que alrededor del 9% al 10% de la económica mundial depende de los trabajos y del impacto generado tras los movimientos turísticos de las civilizaciones, donde ciudades como Nueva York, Paris, Bangkok, encabezan el listado de las capitales más visitadas del mundo.

Pero que hay detrás del movimiento social por conocer y expandir las fronteras socioculturales.

Por un lado, existen motivos económicos que establece una relación directa entre el intercambio de bienes y servicios y por ende una necesidad de conectar la globalidad con los movimientos económicos y de personas como vehículo para la interacción y de sustento de la económica, así como de la asociación entre gobiernos para el intercambio de sabiduría, buenas practicas y nuevamente sustento socio económico cultural que soportan todos estos viajes de negocios que vinculan a distintos profesionales alrededor del mundo, no menos importante, pero probablemente no generado espontáneamente por un sentimiento profundo de la humanidad.

Por otro lado, existe un enorme porcentaje de personas quienes ven en el turismo el vehículo de enriquecimiento cultural y social que solo se puede describir al experimentar en carne propia lo que traduce la enajenación de prejuicios e incluso subversión de convicciones al entender la magnificencia del contacto con otras culturas y diferentes puntos de vista, así como la experiencia vivencial de estar físicamente en algún lugar del mundo distinto al lugar de procedencia.

Por que fundamentalmente eso es lo que significa viajar. Es un pasaje a la inspección más profunda del ser humano que tiempo atrás fue nómada y que no encontraba en el sedentarismo la razón antropológica de la que hoy “disfrutamos”.

Viajar fundamentalmente es permitirse impresionarse con experiencias vivenciales y no con percepciones distorsionadas, como el impacto generado por las redes sociales, o por narraciones, cuentos y telenovelas vistas en la televisión que cuentan su propia versión de los hechos, sin contar con la participación del receptor de la información.

Es pasar de ser un espectador a ser el actor principal. Es entender la historia y las ciencias sociales de forma tangible. Es entender que pertenecemos a un complejísimo ecosistema del que hacemos parte, pero que sustancialmente somos ínfimos ante la exuberancia de los lugares por visitar.

Es interactuar en otras lenguas, incluso con rasgos tan primitivos como las señas para hacernos entender y conectar con simples actos como las sonrisas o los gestos para entrelazar historias.

Es un viaje profundo del conocimiento de si mismo, de lo que nos incomoda, de lo que nos gusta y lo que no toleramos, de nuestras convicciones políticas, sociales, culturales, incubaciones familiares heredadas, y es en el turismo, la mejor forma de reflejarnos en otras situaciones nuestras propias conductas.

Viajar no es solo un disfrute ni un privilegio, desafortunadamente de unos pocos. Es una responsabilidad de empatizar con los lugares de destino; es abrir el espectro personal a aceptar condiciones sociales que incluso van en contravía de nuestros principios. Es hacernos cargos de los impactos que generamos cuando interactuamos con alguien o cuando impregnamos con nuestra sola presencia, el suelo sobre el cual nos sustentamos.

Viajar simplemente y sintetizando la idea, es tener un inmenso libro de 195 páginas con infinitos ápices por descubrir y por disfrutar, en donde muchas personas por elección o por circunstancia muchas veces se alojan en la primera página incluso habiendo recorrido muchas de las páginas por leer.

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