País de
Leguleyos sin Leyes.
El pasado jueves 27 de marzo de 2025, en la sesión plena de la cámara de representantes, el proyecto de ley, impulsado por el representante Juan Carlos Losada, Cursaba trámite de aprobación para la regulación de la eutanasia en Colombia.
Si bien, Colombia es el único país en América latina con un avance importante en la articulación de los derechos que garantizan una muerte digna, estos avances son obtenidos por parte de la corte constitucional, quienes en su sentencia C-239 del año 1997. Estableció los primeros cimientos para la construcción y avance en esta materia. Posteriormente, por parte de esta misma institución, se instauro la sentencia T-970, quien ordena al ministerio de salud, reglamentar el procedimiento, estableciendo las normas para su aplicación.
Teniendo en cuenta este precedente, es el congreso el encargado de establecer un marco y un procedimiento para su ejecución, que desde su aprobación por la alta corte, ha presentado en 17 oportunidades la apertura a su regulación y el establecimiento de un marco común de acuerdo que no ha sido posible dada la carencia de mayorías y en este caso en particular, la ausencia de cuórum para la consecución de su trámite como ley estatutaria, es decir, aquellas leyes que reconocen, propenden y garantizan los derechos “fundamentales”. Tal y como se titula el proyecto de ley denegado en la cámara baja colombiana. “Acceso al derecho fundamental a la muerte digna bajo la modalidad de muerte medicamente asistida y se dictan
otras disposiciones”.
De esta forma, y en contraste con la situación actual del país, las objeciones en esta oportunidad por parte de los representantes que han votado en contra fundamentan su rechazo bajo el paraguas de la deficiencia en el trámite de procedimientos paliativos, cuidados del dolor y procedimientos que posterguen la vida de los pacientes. O, otras de hondo calado, como la concepción de la vida desde un punto de vista fanático y de protección a ultranza de su religiosidad.
Son aquellos congresistas quienes legislan omitiendo una realidad que a gritos habita en las
calles colombianas, donde el acceso a las medicinas especialmente a las de alto espectro y de carácter controlado, son de tan difícil acceso y mas aún, de tan profundas contraindicaciones clínicas a corto, mediano y largo plazo, o aquellos quienes no entienden la burocrática situación para la atención primaria, mucho más, para la atención especializada y ni que decir, de una junta médica quien determina la ejecución o no, del procedimiento y sus eternas derivaciones que solo culminan con más dolor para todos aquellos pacientes que sufren en su día a día.
Los congresistas, quienes en un acto de profundo rechazo a la autodeterminación de las personas, omiten sus padecimientos y sus profundas complicaciones, el profundo dolor de sus familiares y como no, de sus cuidadores. Quienes en un afán de legislarlo todo, de prepararnos irónicamente bajo sus preceptos como parlamentarios para un “futuro”, y de abonar el terreno sobre la base de hipótesis utópicas, de sistemas de salud que nunca estarán preparados para esta dificil situación. Omiten la realidad que se esconde detrás de su omisión.
Los gritos de aquellos, sin voz, o con complicaciones tan profundas que solo estan condenados a vivir postrados a una cama, con una asistencia permanente de equipos médicos, un consumo desaforado de sustancias alucinógenas de alta adicción y un dolor que pelecha por nunca desaparecer.
Ahí, donde contradictoriamente en la inexistencia de un estado leguleyo y ultra normativo, no
es capaz de elevar estos debates y donde simplemente se resuelve todo, evadiendo,
contrarrestando o simplemente omitiendo la necesidad de avanzar en la construcción de una
sociedad más empática y cercana de quienes mas lo necesitan.


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