Columnas de opinión de tema libre y sesiones de disertación de un tema en común y coyuntural de actualidad global y colombiana. Con una visión desde el exterior y los efectos de la cotidianidad de los colombianos, con un lenguaje simple y contundente (no violento) de la opinión de los panelistas quienes conforman este proyecto

Foto Camilo

Camilo Antonio Rodríguez Vega.

¿Puede América Latina recomponer el legado de Pepe Mujica?

¿Puede América latina recomponer el legado que deja Pepe Mujica en la política internacional, podemos ser más ambiciosos cuestionándonos si esta pregunta puede extrapolarse un día e irradiar algún lugar en el mundo, nuevamente?

Es difícil, de afirmar, y es común por lo general, ver lo opuesto a lo largo y ancho de distintas latitudes.

Recapitulemos.

José Alberto Mujica Cordano, nacido el 20 de mayo del 35, en una localidad cercana a Montevideo, descendiente de vascos y originario hasta sus últimos días de los campos de su natal Uruguay.

Fue un revolucionario político uruguayo, militante y fundador de el “MLN-T”, Movimiento de liberación nacional – tupamaros, quien se incorpora a sus filas sobre sus 28 años de edad, tal y como se vivía en los movimientos sociales revolucionarios de América latina en los años 60 a raíz de la revolución cubana quienes en escenarios de opresión y turbulentas democracias que atravesaban los sistemas políticos tradicionales, mostraban la lucha armada y revolucionaria como un camino contestatario, para a través de las armas o bajo la presión de las mismas, alcanzar el poder, y poder irrigar a los más necesitados bajo una óptica contestataria y revulsiva.

Así pues, y a diferencia del conflicto interno colombiano, la violencia desatada por este grupo revolucionario se desataba en las urbes, y no en los entornos rurales.

Y es ahí, donde la vida de José Pepe Mujica toma otro rumbo al ser participe de atracos urbanos, secuestros, balaceras y extorsiones a empresas y particulares que finalmente lo llevan a pasar 13 años en prisión en condiciones infrahumanas y en un periodo que simultáneamente se da bajo los regímenes de la dictadura en Uruguay, desde Bordaberry hasta Gregorio Álvarez.

Es ahí donde probablemente la renaciente y quizá cómoda versión sensata y de noble mirada empezó a gestarse, es allí y al igual que en lo vivido por Nelson Mandela en el régimen del apartheid, donde el alma se rompe y la luz solo en condiciones extraordinarias, permite florecer la bondad. Donde los lazos profundos de humanidad y hermandad se gestan. Quizá y en una visión simplista, es en estos procesos de resocialización donde se encuentra la calma de la monotonía de los días o lo simple y a su vez tan complejo que resulta el entendimiento de la palabra libertad y todo lo que ello conlleva, pero sobretodo el aislamiento que contradictoriamente permite encontrar las respuestas a las luchas internas desatadas por el ser humano.

Es ahí, y en su creciente carrera política donde este campechano de formas simples se incorpora a la política. Primero como diputado en el 94 y posteriormente como senador en el 99, para luego después de una carrera de acomodación de su partido, aterrizar en el ministerio de ganadería, agricultura y pesca bajo la presidencia de Tabaré Vázquez en el 2004. Rol que lo catapulto a la elección presidencial en el 2010 de la mano del frente amplio, (consolidación de partidos políticos de izquierda, participación popular, comunistas, partido socialista, y la asamblea Uruguay, entre otros) con una votación del 52%, coincidencialmente contra el padre del actual presidente de la república del Uruguay.

Esta semana al celebrar sus casi 90 años de vida, el 13 de mayo ha partido José el Pepe Mujica.

¿Dónde radica su grandeza? Cual, es desde el punto de vista de esta columna su legado.

Sin lugar a dudas, redunda en entender su lugar en la historia, en asumir su rol como humanista en la construcción de país, y mas aún en aplicar con coherencia las disposiciones y ambiciones del pueblo, de leer las necesidades del mismo, pero sobretodo de cohesionar tanto a sus detractores como a quienes le adulan bajo la premisa de la simpleza y la humildad, de acompañar sus luchas con el ejemplo, de entenderse con aciertos y con fragilidades, pero entender el servicio publico como la oportunidad de impactar y de servir a una nación. En la grandilocuencia del servicio civil y los procesos profundos que ocupan las gestas que allí se constituyen en el día a día de las personas. Pero sobretodo en acompañar las luchas con absoluta convicción y compromiso. Alejado de sinuosidades o adquisiciones banales como el dinero o el poder.

Que falta tremenda de profundo estoicismo, pero sobretodo que falta profunda de empatía la que deja marcada la perdida de probablemente el icono mas portentoso de los últimos tiempos en América latina la perdida de pepe Mujica. Paz en su tumba.

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