Columnas de opinión de tema libre y sesiones de disertación de un tema en común y coyuntural de actualidad global y colombiana. Con una visión desde el exterior y los efectos de la cotidianidad de los colombianos, con un lenguaje simple y contundente (no violento) de la opinión de los panelistas quienes conforman este proyecto

Nicolás Devia Buitrago.

¿La vida del presidente cuestión pública o privada?

El 23 de abril del 2025, Álvaro Leyva, ex ministro de relaciones exteriores durante el Gobierno Petro, divulgó una carta que atenta más contra la intimidad que con relación a las calidades de jefe de Estado. Este evento, reiterado en una carta posterior radicada apenas a principios del mes de mayo, deja entrever una rencilla que encauza la patria y la importancia de la sobriedad del poder, en una rivalidad que parece más personal, una amistad que no terminó bien, o una evidencia cuando la lealtad parece ausente.

Este hecho ha sido catapultado de manera airada por la oposición, por la prensa, desacreditando todo mérito de este gobierno como un evento del azar o la locura. De ser verdad, a Leyva se le olvidó que guardó silencio cuando presenció los hechos, quizá porque hacía parte del gobierno y del poder, o a lo mejor porque claramente también tenía derecho a esa intimidad que hoy desconoce.

Leyva acusa al presidente de haber firmado actos administrativos bajo condiciones no aptas, de haber mostrado comportamientos inconsistentes y desorientados en encuentros del más alto nivel internacional, haberse extraviado extrañamente en visitas de Estado, y tener problemas de adicción.

Y es que no es la primera vez que al presidente, o bien a Gustavo Petro, se le lleva a este escenario, encausando presuntas debilidades para gobernar. En plena campaña electoral, en un debate organizado por El Tiempo en marzo de 2022, Ingrid Betancourt le manifestó: «Cuando fui a visitar a Gustavo me acuerdo que él estaba en una gran depresión tirado en el piso sin poder moverse, así que yo no me voy a meter en tu vida privada, Gustavo». Según ella, el episodio tuvo lugar en Bélgica, durante una visita «privada» en su lugar de residencia para aquel entonces.

Pero los hechos no han cesado allí. Durante su periodo de Gobierno, el Congreso ha solicitado insistentemente que se realicen exámenes médicos para conocer si está en condiciones de gobernar al país. Dichas proposiciones, elevadas por la Representante del partido Cambio Radical Carolina Arbeláez y del Representante del Partido Centro Democrático Christian Garcés, partidos abiertamente opositores al gobierno, solo a través de la solicitud siembran un manto de duda y desconfianza para minar todo lo que se diga por parte del Gobierno como actos y hechos desorientados, con origen en una profunda irracionalidad fuera de la conciencia del cargo del más alto nivel al interior de la nación.

El debate no para allí. Posteriormente, en una visita a Panamá en julio de 2024 para la posesión del Presidente José Raúl Mulino, se generó tendencia al afirmar que el Presidente Petro caminaba de la mano junto con una mujer diferente a la Primera Dama Verónica Alcocer. De este hecho se generó todo un debate para determinar si en realidad se trataba del Presidente, quién era la acompañante, y cuál era hasta su orientación sexual. El debate mediático se centró en minar y ahondar los problemas al interior de su relación sentimental y hacerlos ver como un evento de importancia nacional.

Columnistas de la talla de Daniel Samper le llaman «Berto», refiriéndose a que siempre está entonado (alicorado). En una entrevista refiere que el Presidente siempre está delirando, y que su denominación se relaciona con un tuit publicado por el mismo presidente en el que firmó como «Gustavo Berto», error sobre el que decidió bautizarlo respecto a la sátira de este periodista. No se olvida cómo esta prensa jocosa es la misma que se burla airadamente de los discursos pronunciados en las Naciones Unidas, mientras las demás naciones estiman las calidades de un líder internacional, recientemente nombrado presidente de la CELAC.

Si bien los candidatos políticos en campaña dejan entrever algo de su vida personal, no sabemos si a todas luces sinceras, donde se muestran monogámicos, heterosexuales, con familias armoniosamente constituidas, católicos o cristianos fervorosos, padres de familia responsables, ausentes de consumo de cualquier sustancia psicoactiva, roles necesarios para conquistar votos, lo cierto es que dicha posición un tanto conservadora evidencia que a veces es mejor confiar que saber, dejar a las presunciones y prejuicios la intención de que todos nuestros dirigentes cumplen a cabalidad con los estándares de sociedad que al menos aparentamos ser. ¿Ese develamiento temporal de la intimidad personal debe terminarse en el momento de la elección? No es inapropiado revelar en campaña los gustos, favoritismos, formas de vida, para conquistar al elector, pero sí es incuestionable acudir a los favoritismos y gustos de vida para cuestionar al ya gobernante. Un tanto contradictoria la idea, en la que no quisiera tomar posición.

Sin embargo, para retomar los cuestionamientos de la oposición, que en muchos eventos ha rayado con chisme propagandístico característico de algunos medios de comunicación, nada se ha discutido del derecho que le asiste a toda persona, incluido el Presidente, de tener vida privada a pesar de lo público que el cargo amerite ser. En la reciente entrevista por parte del personaje Juanpis González, ante cuestionamientos personales de tal calibre, el Presidente manifestó con contundencia: «De mi vida privada no sabrás ni jota».

Y es que claramente para gobernar no es necesario buscar los vacíos, las adicciones, los problemas familiares. Hannah Arendt, quien ha desarrollado múltiples conceptos de lo público y lo privado, ha sostenido que lo que debe someterse al juicio público son las acciones políticas y las decisiones que afectan a la comunidad, no la vida íntima o personal. Qué falta le ha hecho a nuestros actores políticos esta posición, para entender que el presidente tiene derecho incluso a lo inmoral así no nos guste, que tiene derecho a la duda y a guardar silencio, pero a su vez que es necesario y siempre será necesario seguir cuestionando sus actos de gobierno, sus políticas, sus planes de país, algo que la oposición no cuestiona, pocas veces duda con la misma fuerza con que se le ataca en su vida, quizá porque a lo mejor en lo público lo esté haciendo bien, así su persona no agrade.

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