Columnas de opinión de tema libre y sesiones de disertación de un tema en común y coyuntural de actualidad global y colombiana. Con una visión desde el exterior y los efectos de la cotidianidad de los colombianos, con un lenguaje simple y contundente (no violento) de la opinión de los panelistas quienes conforman este proyecto

Nicolás Devia Buitrago.

La Sociedad del Trabajo.

Podría existir una sociedad contemporánea, que cuestione de manera profunda el “trabajo” o bien la necesidad de trabajar para vivir? ¿habrá una concepción capaz de trascender el concepto ciudadano de vago, vagabundo, flojo perezoso, apático, desinteresado o asocial a quien decide apartarse del concepto de trabajo como una actividad inherente a la existencia humana? ¿no querer trabajar, como una decisión de vida, resulta una apuesta valida en una sociedad predispuesta a no ceder bajo ninguna argumento la incuestionable posición de bondad del trabajo?

Los cuestionamientos precedentes resultan un tanto incoherentes, si se pretende reflexionar respecto de la actividad de “trabajo” como un hecho consolidado en la sociedad bajo el parámetro de bondad absoluta, no hay forma de interpretar una alternativa o puesta en escena en el que podamos vivir, sin necesidad de trabajar, dado que los cuestionamientos y discusiones de la sociedad moderna, reparan, debaten y discuten respecto de garantías y derechos sobre la actividad, pero no del desmonte de su figura; que irracional resulta pensar en concebir una sociedad sin trabajo.

Pues bien ante la inusitada posición a escapar de su existencia, me resta centrarme en el debate contemporáneo, el de las garantías mínimas de la actividad. Trabajar constituye en sí entregar la disposición de tiempo, esfuerzo y capacidad para desarrollar una actividad determinada, ya sea de manera voluntaria, o por imposición o acuerdo legal, en el que se pacten y desarrollen los objetivos y de otro lado se obtenga un reconocimiento monetario que se intercambiará paradójicamente por el producto del tiempo o capacidad y esfuerzo de otro individuo. Un circulo vicioso en el que convergemos por asociación, voluntad y bienestar.

Lo cierto es que la vida parece estar enfocada en trabajar, las jornadas laborales más productivas son sin duda en presencia de la luz solar, las demás están destinadas, a un aparente descanso, en Colombia por regla trabajamos 6 de los 7 días a la semana, en horarios de 8 horas de las 12 con iluminación solar, las demás están destinados para un escaso descanso y contacto familiar que eventualmente fortalecen las esperanzas de retomar en este ciclo de nuevo al trabajo mientras la vida trasciende, como un instrumento necesario para el trabajo y no viceversa.

En esta construcción social, destinamos la mayor parte del tiempo a trabajar 6 y descansar 1, para que el ciclo retorne a sus justas proporciones, teniendo la esperanza de cada año descansar 15 de 365 dias lo que algunos denominan vacaciones o descanso, no sabemos si de la vida o del trabajo. En la mañana se añora la tarde, el lunes se añora el sábado, de los meses al igual que los años se esperan sus finales, no como un acto apático sino liberador de dopamina que genera en estos estados la esperanza.

En ese ciclo infinito de formas de trabajo y orden social, poco se cuestiona que se trabaja más de lo que se vive, las relaciones humanas o familiares, están relegadas en excesos de tiempo que denominamos a veces como tiempo improductivo o de ocio, en que error nos hemos convertido, para entender que el descanso es quizá la forma de vida más natural, que la necesidad de dormir es un placer del que algunos carecen por el “trabajo”, ya sea por la ausencia de este o por lo agobiante de su exigencia.

Ahora bien, ¿puede entenderse o asimilarse la actividad, de trabajar de manera uniforme en la sociedad?, cuando el contexto es variable, dado que las realidades puedes ser distintas, desde las clases sociales como una clasificación instrumentalizada que permite identificar quienes cuentan, con mayores bienes y servicios en una escala piramidal, desde su base el panorama, es profundo, “desde la necesidad, poco o nada se puede elegir”, trabajar no resulta una opción sino una elección de vida, de allí el imperioso requerimiento de fijar “salarios mínimos”, de forma que no se someta a irrisorios reconocimientos por la fuerza del trabajo en condición de escasez vital.

Sí del lado de la cúspide se trata, las reflexiones irán determinadas a orientar las visiones empresariales, que permitan seguir acumulando bienes y servicios para sus próximas generaciones. El derecho de y a heredar es una forma de ceder horas acumuladas en el futuro, la fuerza acumulada de los ancestros puesta a disposición de manera inmerecida elemento que fortalece la desigualdad social pero sobre el que también parece impensable algún reproche, para retomar se encuentra en plena discusión el debate del reciente archivo respecto de la recuperación de algunos derechos laborales perdidos en las décadas pasadas, bajo el concepto de “trabajar, trabajar y trabajar” en las que se presumía que haciendo más laxo el reconocimiento de salarios frente al empresario, este tendría la capacidad de contratar muchos más trabajadores y así reducir las cifras de desempleo. Debate interminable que hoy se rememora pues el argumento es el contrario, resignificar el reconocimiento económico del trabajo, reduce las utilidades del empresario, pero dinamiza en mayor medida la economía, haciendo que esa economía genere mayor cantidad de empleos.

Los debates de mínimos legales respecto del trabajo y su reglamentación, se discuten en el congreso, una corporación “democrática” delegativa en la que se eligen legisladores dispuestos a fijar las reglas, en principio benefactoras de las mayorías respecto de sus demandas sociales, a pesar que sus electores y financiadores, en la mayoría de los casos sean minorías, ya sean de tipo político, social, cultural pero predominantemente empresarial, de manera que los intereses atienden a las demandas y agendas de quienes les financiaron y apoyaron, el análisis no es tan complejo para entender que quien tiene el poder defiende sus intereses, en este caso los intereses empresariales. De allí que las reglas mínimas del trabajo no obedezcan al sentir mayoritario, sino al sentir de las minorías mayoritarias.

La reforma no son del proponente en este caso del representante de la rama ejecutiva el presidente, es la reforma del trabajo en sí, es reformar la forma vida en que cohabitamos, las reglas condicionaran nuestras formas de asociación, al interior y exterior de la familia, comete un error el sistema político colombiano, al tranzar disputas políticas entre sectores, rencillas entre actores políticos, una bandera política con fines electorales que apela más al sentimiento que a la razón, al sujeto que a la sustancia, al fin electoral más allá de la necesidad que la sociedad demanda; cuando se habla del trabajo se habla de la vida misma, del tiempo que transcurre a cambio del intercambio de recursos para vivir, que en mayor proporción atiende a los que poco opinan, tanto por escases de tiempo como de recursos, esa solidaridad es necesaria para avanzar como sociedad, el empresario debe anular la visión del trabajador como un actor sin importancia, quizá dado el exceso de oferta laboral; que falta de criterio nos resulta comprender que las empresas son productivas por su fuerza de trabajo, que endurecer las garantías laborales, no anula la fuerza empresarial, solo redistribuye de forma más equitativa la riqueza, solidarizarse con el trabajador es solidarizarse con la forma y dignidad de vida en que viven los seres humanos en sociedad, quizá algo que no se entiende sobre la comodidad y la consolidación de una familia que otorga la riqueza.

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